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1 Avril 2019 - Par EFE - Javier Martín

El Ejército argelino se lanza a la ofensiva para frenar la crisis




Túnez - Diplomado en la academia militar soviética de Vystrel, el general Ahmed Gaïd Salah llegó a la jefatura del Ejército argelino gracias a una mezcla de mérito militar y destreza para la conspiración.

Directo y cercano a sus tropas, a las que visita con regularidad, ganó prestigio durante los sangrientos años del "decenio negro" (1989-1999) por su expeditiva acción en contra del islam radical armado en las provincias bajo su mando, las primeras en recuperar la calma.

Amigo íntimo del presidente, Abdelaziz Buteflika, en 2004 fue designado por éste último jefe del Estado Mayor en sustitución del general Mohamad Lamari, un militar de enorme influencia que sin embargo mantenía una tensa relación con el mandatario, al que gran parte de la cúpula castrense observa con sospecha.

Diez años después, purgados todos los opositores en el seno de las Fuerzas Armadas, la enfermedad del mandatario le colocó en el escalón donde se escribe la historia.

Según su biografía oficiosa, pergeñó junto a Said Buteflika, hermano del presidente, un plan para mantener el poder en manos de un mandatario impedido, incapaz de hablar en público, viajar al extranjero o moverse por sí solo.

Primero a través de unas presidenciales sin presencia del mandatario que la oposición tildó de fraudulentas.

Y después forzando la salida del oscuro general Mohamad Mediéne, alias "Tawfik", jefe durante 25 años de los poderosos servicios secretos argelinos, un hombre de enorme influencia al que siempre se señaló como el futuro presidente.

Cuatro años más tarde, Gaid Salah es el hombre clave de la crisis en Argelia, el ariete de unas Fuerzas Armadas que han decidido pasar a la ofensiva para poner fin a más de seis semanas de movilizaciones masivas en la calle.

Las protestas arrancaron el pasado 22 de febrero con un objetivo definido: exigir la renuncia de Bouteflika a ser reelegido para un quinto mandato en las elecciones que estaban previstas para el 18 de abril.

El mandatario había sido trasladado a una clínica en Suiza sin que se supiera realmente cual era su verdadero estado de salud y entre rumores de que su deceso era inminente.

Tres semanas después, con Bouteflika ya regresado, la presidencia emitió un decreto en el que el mandatario renunciaba a su candidatura, se aplazaban los comicios y se ordenaba la creación de un gobierno de transición liderado por el ministro de Interior, Nouredin Bedaui, y el excanciller, Ramtan Lamamara.

Empoderada, la calle pidió más: calificó la decisión de argucia y redobló las manifestaciones para exigir la caída del círculo de poder que gobierna entre bambalinas.

El martes, con el país ya sufriendo el embate de las protestas en su economía, el hasta entonces discreto Gaïd Salah decidió descorrer las cortinas.

En un discurso ante sus tropas, propuso aplicar el artículo 102 de la Constitución que permite inhabilitar al dignatario por razones de salud, y que dejaría la transición en manos del presidente del Senado, Abdelkader Bensalah, otro de los afines al llamado "clan de los Buteflika".

La respuesta de la calle fue sonora: el viernes, cientos de miles de argelinos volvieron a congregarse para decir no al artículo 102 y demandar la caída del propio Gaïd Salah, blanco de los reproches y afiches.

Apenas 24 horas después, el general redobló la apuesta: convocó al Estado Mayor y denunció una supuesta conspiración contra el Ejército de parte de "fuerzas extraconstitucionales" que no identificó, pero que analistas locales vinculan con el caído general "Tawfik".

Gaïd Salah insistió, además, en que la aplicación del artículo 102 era la única solución para salir de la crisis.

En este marco, el domingo se dio el primero de los pasos: en otro decreto, la presidencia reveló la formación del nuevo gobierno de transición que ya no podrá ser renovado en caso de que se inhabilite al presidente o este renuncie por cuestiones de salud, la opción que ahora cobra más fuerza.

Un Ejecutivo dirigido por el propio Bedaui, en el que desaparecen el controvertido Lamamra y todos los ministros criticados y en el que el número dos es el propio Gaïd Salah.

"Mantener a Gaïd Salah puede parecer incomprensible después del choque del sábado 30. Pero según nuestras fuentes, es el resultado de un compromiso entre el mando del Ejército y la presidencia", explica hoy el periodista argelino Makhlouf Mehenni.

"Más allá de los nombres de los ministros y las razones de su nombramiento, debemos pensar en la primera o única consecuencia significativa de este "acuerdo". El artículo 102 debería, salvo gran sorpresa, ser aplicado", vaticina.

Un pacto que para el analista político es solo la mitad del camino.

"Lo más difícil es convencer a la calle, que hasta ahora ha sido intransigente con una transición controlada por el poder. El viernes se verá", concluyó.




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